Por motivos de peso o pensando en que es mejor para la salud muchas personas prefieren los productos light o bajos en calorías que abundan en los supermercados. Refrescos y postres emplean edulcorantes artificiales en lugar del azúcar convencional para ofrecer “el mismo sabor con la mitad de calorías”, y se consumen con la firme creencia de que estos productos pasarán por el intestino sin dejar huella. Sin embargo, comienzan a levantarse voces de alarma ante la ingesta cada vez mayor de sacarina, aspartamo y sucralosa, y los problemas de salud que pueden generar.

Un grupo de investigación del Weizmann Institute of Science (Israel) dirigido por Eran Segal y Eran Elinav ha querido analizar qué efectos tienen estos edulcorantes sobre la salud intestinal y el nivel de glucosa en sangre como indicativo de diabetes. Para ello han experimentado con ratones alimentándolos con distintos edulcorantes. Los ratones que seguían una dieta normal o rica en grasas fueron alimentados con sacarina y terminaron perdiendo la capacidad de metabolizar glucosa en 5 semanas sin distinción entre ratones delgados o con sobrepeso, mientras que los alimentados con glucosa mostraban un metabolismo normal. Después se les suministraron antibióticos para “limpiar” la flora intestinal y los ratones recuperaron el metabolismo normal de la glucosa.

Un traslado de heces de los ratones alimentados con sacarina a los alimentados con glucosa mostró que los últimos desarrollaban problemas para metabolizar la glucosa. Los análisis genéticos de la microbiota intestinal revelaron diferencias notables entre los dos grupos de ratones, lo que implica que, o bien la sacarina alimenta un tipo de bacteria que acaba prevaleciendo sobre las demás, o bien termina con la vida de cierto tipo de bacterias favoreciendo la proliferación de otras. El mecanismo todavía se desconoce.

Pero los experimentos no se quedaron en los roedores. Las pruebas realizadas sobre cientos de personas indicaron que los consumidores de edulcorantes artificiales tienen más problemas metabólicos, incluyendo el de la glucosa. Y los pequeños ensayos realizados en personas sanas sometidas a una ingesta diaria de sacarina igual a la dosis máxima permitida por la FDA (Food and Drug Administration) han dado como resultado que más de la mitad desarrollaran disfunciones en el metabolismo de la glucosa.

En resumen, aunque aún quedan muchos aspectos por aclarar, la flora intestinal parece estar estrechamente ligada al metabolismo de la glucosa y los edulcorantes artificiales la alteran significativamente, pudiendo ser los causantes de numerosos problemas de salud en la vida del hombre moderno.