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Espacio Campus ETS

Efectos biológicos del gas Radón

Ruth Echeverría

13 de octubre de 2014
El presente artículo se distribuye bajo licencia Creative Commons con los siguientes derechos reservados: Reconocimiento, Compartir igual y No comercial

Naturaleza del radón

El gas radón es un gas noble radiactivo de origen natural que tiende a acumularse en lugares poco ventilados de edificaciones. Se trata de una fuente de radiación ionizante considerada la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco. Por este motivo es necesaria más información sobre este gas y el riesgo que puede significar para la salud humana.

Radiactividad natural del radón

El radón-222 (222Rn), el isótopo más abundante del radón, pertenece a la cadena de desintegración del uranio-238, originándose a partir del radio-226. Se encuentra presente en aire, agua, suelos e incluso en el interior de seres vivos. De hecho, es el radionucleido que contribuye en mayor medida a la radiación interna ya que es inhalado en la respiración y sus productos se ionizan fácilmente, fijándose a aerosoles cargados presentes en el aire y a tejidos internos como el epitelio bronquial.

La contribución de la inhalación de radón y sus descendientes de corta vida supone la mitad de la dosis que recibe un individuo procedente de todas las fuentes naturales de radiación, entre las que se encuentran la radiación cósmica y otros elementos radiactivos presentes en la corteza terrestre.

Tras finalizar su vida media (casi 4 días), el 222Rn se transforma en 218Po liberando una partícula alfa en la desintegración. Esta partícula alfa es un núcleo de helio formado por dos protones y dos neutrones. A su vez, el 218Po, transcurridos 3 minutos, pasa a 214Pb en otra desintegración alfa.

Series de desintegración del radón

Series de desintegración del radón

Observando las series de desintegración, podemos comprobar que la vida media de los descendientes es muy corta, por lo que se pueden suceder varias desintegraciones alfa y beta, junto con emisiones gamma. Estas radiaciones ionizantes son las responsables de los efectos nocivos en la salud.

Efectos biológicos

La radiación alfa procedente del radón y de sus descendientes no puede causar daños desde fuera del organismo ya que no atraviesa la piel, siendo absorbida en la capa superficial. Sin embargo, su carácter de gas permite al radón desplazarse con facilidad desde el suelo a nuestro ambiente y ser inhalado por los seres vivos. Puede alcanzar las mucosas y liberar allí la radiación produciendo efectos nocivos, que son los propios de las radiaciones ionizantes, como la desnaturalización de proteínas, las modificaciones en la membrana celular por efectos en lípidos o las alteraciones energéticas/estructurales en glúcidos.

Hasta el momento se han realizado cerca de 50 estudios sobre la relación entre radón y cáncer de pulmón en distintas partes del mundo. Por ejemplo, las personas sometidas a ambientes con cantidades entre 100 y 200 Bq/m3 presentan un riesgo de cáncer de pulmón incrementado en un 20% respecto a las personas que viven en ambientes por debajo de los 100 Bq/m3.

Hoy en día está demostrado que el radón supone un riesgo añadido para los fumadores y para personas con afecciones respiratorias. Los riesgos absolutos de desarrollo de cáncer de pulmón se ven incrementados 25 veces cuando se trata de personas fumadoras o que han abandonado el tabaco recientemente.

Otro peligro importante es la ingesta de radón disuelto en agua, lo que puede afectar al aparato digestivo aumentando el riesgo de cáncer de estómago y esófago. También se han encontrado conexiones entre las altas concentraciones de radón y enfermedades como leucemia o esclerosis múltiple.

Normativa

Debido a que el radón está presente de forma natural en el medio ambiente y que, al mismo tiempo es un cancerígeno humano para el cual no existe un nivel de riesgo cero, el establecimiento de niveles de acción a partir de los cuales tomar medidas correctoras es complejo.

Desde 1990 la Comisión Europea, basándose en un informe presentado en 1987 por un grupo de trabajo de la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP) recomienda limitar la concentración media anual de gas radón a 400 Bq/m3 en edificios ya existentes y a 200 Bq/m3 en las nuevas construcciones.

La OMS estableció en 1987 su recomendación teniendo en cuenta la exposición a productos descendientes de radón, expresada como concentración equivalente de radón (EER), y proponiendo 100 Bq/m3 EER de promedio anual como valor de referencia y 400 Bq/m3 EER para una actuación inmediata. Las construcciones nuevas no deben superar los 100 Bq/m3 EER.

Bibliografía

  • Charles, M. W. (2007) Radon Exposure of the Skin: Biological Effects. Journal of Radiological Protection.Vol 27, p 231.
  • Darby, S. et al. (2005) Radon in homes and risk of lung cancer: collaborative analysis of individual data from 13 European case-control studies. British Medical Journal, 330.
Comments

2 comentarios

  • Ana Seurat (04/11/14 21:05)
    Un artículo excelente. Gran trabajo!
  • María Casas Marín (04/11/14 21:08)
    No conocía nada del tema y me ha sorprendido mucho. El artículo me parece realmente interesante.